La cal, una amenaza para los calentadores de agua eléctricos

La acumulación de sedimentos minerales es un ‘enemigo’ silencioso de los calentadores de agua eléctricos. De todos ellos (impurezas, óxidos, etcétera), la cal es el más perjudicial y constituye un problema frecuente en los hogares españoles con aguas duras. De ahí que los expertos en el mantenimiento termo eléctrico en Sanxenxo y otros municipios insistan en la importancia de limpiar regularmente los depósitos incrustados y en revisar el estado del ánodo de magnesio.

A falta de una inspección profunda, ¿cómo saber si un calentador de agua tiene problemas de cal? En especial, la aparición de ruidos extraños y el encarecimiento de la factura de luz sin motivo aparente son síntomas preocupantes. También induce a sospechar de un mal funcionamiento del termo la escasa duración del agua caliente.

Cuando las sales disueltas en el agua forman partículas sólidas que se acumulan en exceso, el metal del tanque y otros componentes están en riesgo. Aunque la cal no es corrosiva, desencadena procesos que pueden generar fugas y perforaciones en el calentador de agua, favoreciendo a su vez la oxidación del calderín.

La pieza estrella en cualquier termo eléctrico, el ánodo de magnesio, se resiente también de la presencia de cal. Precisamente, su función es ‘atrapar’ la cal y soportar la corrosión resultante, pero en exceso su duración (de uno a tres años) se reduce drásticamente.

Los sedimentos calcáreos hacen mella en la resistencia eléctrica, el elemento que permite elevar la temperatura del agua. Con el paso del tiempo, la costra de cal que se forma a su alrededor impide la correcta transferencia del calor, comprometiendo el buen funcionamiento del equipo.

Otros efectos negativos de estos depósitos minerales comprenden la pérdida de capacidad del tanque y el incremento del consumo eléctrico, justamente por el efecto mencionado sobre la resistencia. En síntesis, se trata de una amenaza que los propietarios de calentadores no deberían subestimar.


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