Sin un mantenimiento adecuado, los anillos de boda y alianzas de compromiso no cumplirán el voto de «hasta que la muerte nos separe». La exposición al calor, el roce constante con otros metales o los químicos agresivos afectan tarde o temprano a sus materiales, limitando la vida útil de esta joya, especialmente si está diseñada en oro puro y plata de ley o contiene perlas, esmeraldas y otras gemas.
Cada tres o cuatro semanas, se recomienda limpiar los anillos y alianzas de boda con una mezcla de agua tibia y jabón neutro. Cepillar la suciedad adherida es correcto, siempre que se proceda con delicadeza y se empleen cepillos de cerdas suaves. En este sentido, los limpiadores específicos de Connoisseurs, Hagerty y otras marcas reputadas del sector son una inversión inteligente.
Al finalizar, es importante secar cada pieza a conciencia, preferiblemente con un paño de algodón o microfibra en lugar de recurrir al papel secante. El secado al aire propicia la aparición de manchas de cal y la pérdida de brillo de los anillos.
Los malos hábitos también hacen mella en la «salud» de estas joyas. No quitarse los anillos antes de practicar deporte u otra actividad física aumenta el riesgo de deslucirlas por la acción corrosiva del sudor. Asimismo, deben mantenerse alejados de la sal marina y del cloro de las piscinas.
Almacenarlos de cualquier modo es un error evidente. Los expertos aconsejan guardar los anillos en compartimentos separados, protegidos del calor y la humedad. En el caso de la plata, el uso de bolsas herméticas impide su oxidación.
Sin estos cuidados, los anillos nupciales pierden no solo su belleza original, sino también su potencial valor de reventa. En condiciones normales, permiten recuperar hasta la mitad de su inversión, pero cuando el metal está deformado o las gemas fracturadas, su depreciación está servida, pues su valoración se basará en el peso y la pureza del metal.